La concurrencia de México en diversas exposiciones universales había producido, como principal resultado el de disponer multitud de preocupaciones y errores relativos a nuestro país, demasiados extendidos en los que, no conociéndole, ignoraba sus verdaderas condiciones materiales, políticas y sociales.
En la exposición de Nueva Orleans puede decirse que se inicio el cambio de la opinión extranjera en favor nuestro. Sorprendió allí a las personas reflexivas, no solo el espectáculo de las riquezas naturales, de las que únicamente se conocían hasta entonces la minería si no también el de los esfuerzos del gobierno y del pueblo mexicano para explotarlos.
De "Increíble Revelación" fue calificado el éxito que en Nueva Orleans tuvimos , pero aquella revelación,
plena y satisfactoria para la república norte-americana,
forzosamente había de llegar muy atenuada al resto del
mundo civilizado.
La Exposición Universal de París de 1889 dió ocasión al Gobierno de hacer nueva y más amplia muestra
del país en más vasto escenario, en un ambiente esencialmente europeo, y en concurrencia con las naciones
que van á la cabeza de la civilización. Conocidos son los frutos de nuestra asistencia á aquel
certamen
.
Cuando se recibió la invitación de Francia,
para que México tomara parte en la Exposición
, que
había de celebrarse en París en 1900
, el Gobierno resolvió aceptarla
, convencido en principio de la utilidad de
concurrirá estas pacíficas luchas
; pero no quiso notificar su aceptación
, hasta haber pesado las dificultades
que había que vencer y las responsabilidades que tenía
que afrontar.
Era
, por lo tanto
, de esperar
, que nuestra concurrencia á la Exposición de 1900 sería igualmente provechosa para el desarrollo de nuestra producción y nuestro comercio
, y compensaría ámpliamente los gastos
que acarrease.
Animado de esta esperanza el Gobierno aceptó la invitación
, confiando la ejecución de la idea á la Secretaría de Fomento, que en el acto se consagró á los trabajos preparatorios de organización, principiando por
designar el personal indispensable y formular el correspondiente Reglamento
, inspirándose en el que había
comunicado el Gobierno Francés
, que ni era dable ni
parecía necesario modificar.
Dicho Reglamento establecía una clasificación que
hubo que aceptar integralmente, dividiendo los objetos
y productos en los 1
8 Grupos siguientes :
I. — Enseñanza y educación.
II
. — Obras de arte.
III
. — Instrumentos y procedimientos generales de
las letras ciencias y artes.
IV
- — Materiales y procedimientos generales de mecánica.
V. — Electricidad.
VI
. —Ingeniería civil. Medios de transporte.
VII
. — Agricultura.
VIII
. — Horticultura y arboricultura.
IX
. — Bosques. — Caza. — Pesca. — Recolecciones.
X
- — Alimentos.
XI
. — Minas. —Metalurgia.
XII. — Decoración, y mobiliario ele los edificios públicos y de las habitaciones.
XIII. — Hilados. — Tejidos. — Vestidos.
XIV. —Industria química.
XV. — Industrias diversas.
XVI. —Economía social.
XVII. — Colonización.
XVIII. — Ejércitos de tierra y de mar.
Los 18 Grupos precedentes se subdividían en 130 Clases,
obedeciendo á la necesidad de distribuir los productos
ú objetos en núcleos más reducidos y homogéneos.
De suerte que, en el Grupo I « Educación y
enseñanza », la Clase primera correspondía á la enseñanza primaria, la segunda á la secundaria y la tercera
á la superior: en el Grupo II « Obras de arte », las Clases
se dividían en dibujo, pintura, escultura, arquitectura,
grabado, etc. y así sucesivamente. *
Con posterioridad, el Ministerio de Comercio de
Francia reformó en parte esa clasificación, introduciendo
modificaciones de importancia secundaria, tales
como la de crear una Clase más, haciendo de las 59 y
60 tres, en lugar de dos.
Acompañaban al Reglamento francés medidas restrictivas,
que era forzoso tuvieran en cuenta los expositores.
En la sección de Bellas Artes quedaban excluidas
las copias, aun las que reprodujeran la obra en un gé-
nero distinto del original; los cuadros, dibujos y
grabados sin marco; los grabados obtenidos por procedimientos
industriales y las esculturas de barro no
cocido.
En la sección de productos industriales quedaban
excluidos los fulminantes y detonantes, y no habían
de ser admitidos más que en envases especiales los
espíritus y alcoholes, los aceites y esencias, las materias
corrosivas y en general todos los cuerpos susceptibles
de alterar los otros productos expuestos ó de molestar
al público. Las cápsulas, cohetes, cerillas quí-
micas y objetos análogos, solo podían figurar en forma
de imitaciones, sin materia inflamable.
Para ser expositor á título extranjero, -se requería
enviar antes del 15 de Febrero de 1899 una petición con
arreglo á modelo determinado. Los objetos destinados
á la Exposición habían de ser recibidos en esta desde el
I
o
de Diciembre de 1899 al 28 de Febrero de 1900, lí-
mite que después se prorrogó, si bien en forma privada.
CONTINUARA...
Texto extraído del libro


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