Información extraída:GACETA #22 Mayo - Agosto
Patrimonio Vernáculo en peligro en la Costa Oaxaqueña
Por:Ángel Pedro Baños Espinosa
México se ha caracterizado principalmente por su
deslumbrante mosaico pluricultural, étnico y lingüístico, en este sentido, el
sur del país ocupa un lugar privilegiado, fundando sus raíces en los tiempos
mesoamericanos y llevándolo a ser reserva espiritual y cultural que identifican
a este pueblo con su pasado y hace más firme su presente. El estado de Oaxaca
posee un amplio y basto patrimonio cultural, como resultado de la diversidad de
grupos étnicos que aún conservan sus usos y costumbres, con características
propias en cada una de las regiones culturales y geográficas, ofreciendo una
oportunidad extraordinaria de estudio sobre la conservación del Patrimonio
Vernáculo Construido.
El siguiente estudio se enfoca en las edificaciones de planta redonda en la Costa Oaxaqueña, con el fin de conocer y dar evidencia de las características espaciales y técnico-constructivas que han subsistido y que no obstante poco se ha hecho para evitar que se continúen destruyendo.
Como punto de partida, aludiremos la definición del Dr. Francisco Javier López Morales, quien precisa que “la arquitectura vernácula es aquella que nace de un lento proceso histórico, en el cual la mezcla de elementos indígenas, africanos y europeos, ha sido base de nuestra formación como país y es precisamente esa integración la esencia de nuestra identidad nacional”.
INFLUENCIAS
En la región de la costa oaxaqueña existe un verdadero crisol de culturas, mixtecos, amuzgos, triquis, mestizos y negros ocupan sus espacios. Estos últimos, gracias al aislamiento geográfico, han logrado retener hasta nuestros días rasgos de origen africano.
Con el arribo de los españoles a territorio mesoamericano, comenzó la movilización de esclavos negros africanos, formando parte del servicio personal de los españoles; por lo tanto, puede determinarse la presencia de personas de raza negra en la Costa Chica de Oaxaca, desde el momento mismo de la Conquista.
El Dr. Aguirre Beltrán, en su obra antropológica “Cuijla”, Esbozo etnográfico de un pueblo negro, llegó a determinar que los primeros contactos culturales se realizaron con negros islamizados del Sudán Occidental, provenientes de Cabo Verde, Sierra Leona y las Costas de Marfil; posteriormente en forma masiva llegaron hablantes del bantú, originarios del Congo, así como de Angola y en menor cantidad de Mozambique, los últimos en arribar procedían del área cultural del Golfo de Guinea, en los inicios del último siglo de la Colonia.
Más tarde la población negra que entró a la Costa Chica, aumentó sensiblemente en los siglos XVII y XVIII, destinada a trabajar en huertas, debido a que la extracción minera en la región no fue a gran escala, destacando más bien una economía basada en las huertas cacao y algodón, a las que se les sobreponen las haciendas de ganado a final del siglo XVI; aunque no demandaban un contingente alto de trabajadores, tuvieron una estructuración lo suficientemente fuerte, llegando a formar verdaderos pueblos, varios de los cuales aún persisten. Es claro que la población negra aumentó notablemente y se insertó en la dinámica productiva de la región, dejando una profunda huella en la configuración de la Costa Chica de Oaxaca.
En la región de la costa oaxaqueña existe un verdadero crisol de culturas, mixtecos, amuzgos, triquis, mestizos y negros ocupan sus espacios. Estos últimos, gracias al aislamiento geográfico, han logrado retener hasta nuestros días rasgos de origen africano.
Con el arribo de los españoles a territorio mesoamericano, comenzó la movilización de esclavos negros africanos, formando parte del servicio personal de los españoles; por lo tanto, puede determinarse la presencia de personas de raza negra en la Costa Chica de Oaxaca, desde el momento mismo de la Conquista.
El Dr. Aguirre Beltrán, en su obra antropológica “Cuijla”, Esbozo etnográfico de un pueblo negro, llegó a determinar que los primeros contactos culturales se realizaron con negros islamizados del Sudán Occidental, provenientes de Cabo Verde, Sierra Leona y las Costas de Marfil; posteriormente en forma masiva llegaron hablantes del bantú, originarios del Congo, así como de Angola y en menor cantidad de Mozambique, los últimos en arribar procedían del área cultural del Golfo de Guinea, en los inicios del último siglo de la Colonia.
Más tarde la población negra que entró a la Costa Chica, aumentó sensiblemente en los siglos XVII y XVIII, destinada a trabajar en huertas, debido a que la extracción minera en la región no fue a gran escala, destacando más bien una economía basada en las huertas cacao y algodón, a las que se les sobreponen las haciendas de ganado a final del siglo XVI; aunque no demandaban un contingente alto de trabajadores, tuvieron una estructuración lo suficientemente fuerte, llegando a formar verdaderos pueblos, varios de los cuales aún persisten. Es claro que la población negra aumentó notablemente y se insertó en la dinámica productiva de la región, dejando una profunda huella en la configuración de la Costa Chica de Oaxaca.
"LOS REDONDOS"
Con la presencia de los primeros pobladores
de descendencia africana inmigrados a México,
era de esperarse la aparición de rasgos
culturales nuevos, los cuales se ven reflejados
en sus diferentes manifestaciones como: la
música, la comida, el baile, las creencias,
prácticas religiosas, las artes plásticas, modos
de vida y por supuesto en la tipología de sus
viviendas, que según Aguirre Beltrán la vivienda
de planta redonda es una retención cultural de
procedencia africana, más específicamente “bantú” , además aclara que la presencia de este
rasgo, no se limita a los pueblos negros de la
zona, ya que también se encuentra en las
comunidades indígenas vecinas (amuzgos, mixtecos y triques) que tomaron en calidad de préstamo cultural; pero es necesario tener en cuenta que la construcción de planta redonda no era desconocida en la época precortesiana y que las trojes de numerosos grupos étnicos tenían a menudo forma cilíndrica y techo cónico.
Así mismo, en relación a este tema Valeria Prieto en su estudio sobre la vivienda campesina en México, formula que: “la casa de forma circular y techo cónico, es una de las más puras reminiscencias de la época precolombina. Se localiza en regiones muy apartadas como las habitadas por los huastecos de norte de Hidalgo, los amusgos y los triques de la Mixteca de Oaxaca y por los lacandones de la selva de Chiapas. Cada grupo indígena que construye el tipo de casa de cubierta cónica, lo hace con ligeras variantes propias de su cultura”.
En el Distrito de Santiago Jamiltepec, Oaxaca, permanecen grupos negroides que siguen perpetuando elementos culturales de origen africano. La casa de planta redonda, es precisamente uno de los rasgos más significativos de procedencia africana que conservó la población de la zona, y hasta hace tres décadas, era el tipo de vivienda que identificaba a los pueblos afromexicanos de la costa chica de Guerrero y Oaxaca. En la actualidad, este tipo de vivienda prácticamente ha desaparecido, fundamentando esta teoría en los dos únicos casos registrados en poblaciones afromexicanas; el primero, localizado en la agencia de Tecoyame, en el municipio de Santiago Tapextla, construido aproximadamente en el año de 1955; y el segundo es sólo un anexo destinado al descanso familiar registrado en la comunidad de El Ciruelo, en el municipio de Santiago Pinotepa Nacional. Sin embargo, como se dijo antes, la presencia de este tipo de vivienda no sólo se limitó a los pueblos afromexicanos, ya que también se encuentra en comunidades mixtecas vecinas, debido al contacto directo que guardan entre ellas. A esto se refiere Aguirre Beltrán con lo siguiente: -“también es demostrable la asignación de un origen africano al tipo de casa-habitación llamada redondo, que tomaron en préstamo los grupos indígenas amusga, mixteca y triqui y entre quienes perdurará seguramente cuando haya desaparecido en los establecimientos negros que hoy experimentan un rápido proceso de cambio”- (1958).

En la investigación de campo realizada en el área de estudio, se obtuvieron diez registros más en comunidades mixtecas: uno en Santa María Huazolotitlán y otros nueve en Santa María Jicaltepec, población donde el “Redondo” aún funge como casa-habitación y en el cual se encuentran familias nucleares en unidades idénticas, dando origen a un “Compuesto”.
Ángel Pedro Baños Espinosa
GACETA #22 Mayo - Agosto
Con la presencia de los primeros pobladores
de descendencia africana inmigrados a México,
era de esperarse la aparición de rasgos
culturales nuevos, los cuales se ven reflejados
en sus diferentes manifestaciones como: la
música, la comida, el baile, las creencias,
prácticas religiosas, las artes plásticas, modos
de vida y por supuesto en la tipología de sus
viviendas, que según Aguirre Beltrán la vivienda
de planta redonda es una retención cultural de
procedencia africana, más específicamente “bantú” , además aclara que la presencia de este
rasgo, no se limita a los pueblos negros de la
zona, ya que también se encuentra en las
comunidades indígenas vecinas (amuzgos, mixtecos y triques) que tomaron en calidad de préstamo cultural; pero es necesario tener en cuenta que la construcción de planta redonda no era desconocida en la época precortesiana y que las trojes de numerosos grupos étnicos tenían a menudo forma cilíndrica y techo cónico.
Así mismo, en relación a este tema Valeria Prieto en su estudio sobre la vivienda campesina en México, formula que: “la casa de forma circular y techo cónico, es una de las más puras reminiscencias de la época precolombina. Se localiza en regiones muy apartadas como las habitadas por los huastecos de norte de Hidalgo, los amusgos y los triques de la Mixteca de Oaxaca y por los lacandones de la selva de Chiapas. Cada grupo indígena que construye el tipo de casa de cubierta cónica, lo hace con ligeras variantes propias de su cultura”. En el Distrito de Santiago Jamiltepec, Oaxaca, permanecen grupos negroides que siguen perpetuando elementos culturales de origen africano. La casa de planta redonda, es precisamente uno de los rasgos más significativos de procedencia africana que conservó la población de la zona, y hasta hace tres décadas, era el tipo de vivienda que identificaba a los pueblos afromexicanos de la costa chica de Guerrero y Oaxaca. En la actualidad, este tipo de vivienda prácticamente ha desaparecido, fundamentando esta teoría en los dos únicos casos registrados en poblaciones afromexicanas; el primero, localizado en la agencia de Tecoyame, en el municipio de Santiago Tapextla, construido aproximadamente en el año de 1955; y el segundo es sólo un anexo destinado al descanso familiar registrado en la comunidad de El Ciruelo, en el municipio de Santiago Pinotepa Nacional. Sin embargo, como se dijo antes, la presencia de este tipo de vivienda no sólo se limitó a los pueblos afromexicanos, ya que también se encuentra en comunidades mixtecas vecinas, debido al contacto directo que guardan entre ellas. A esto se refiere Aguirre Beltrán con lo siguiente: -“también es demostrable la asignación de un origen africano al tipo de casa-habitación llamada redondo, que tomaron en préstamo los grupos indígenas amusga, mixteca y triqui y entre quienes perdurará seguramente cuando haya desaparecido en los establecimientos negros que hoy experimentan un rápido proceso de cambio”- (1958).

En la investigación de campo realizada en el área de estudio, se obtuvieron diez registros más en comunidades mixtecas: uno en Santa María Huazolotitlán y otros nueve en Santa María Jicaltepec, población donde el “Redondo” aún funge como casa-habitación y en el cual se encuentran familias nucleares en unidades idénticas, dando origen a un “Compuesto”.
Ángel Pedro Baños Espinosa
GACETA #22 Mayo - Agosto
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