Probablemente no ha habido nadie que, sin ser arquitecto, haya influido en la arquitectura mexicana de la segunda mitad del siglo XX, como el doctor (en historia de arte) Mathias Goeritz.
Los momentos en los que la creación personal de Goeritz se acercó más a la arquitectura, fueron dos: el Museo Experimental El Eco (México, 1953), insólita y sugerente escenografía construida que el bautizo como “Arquitectura Emocional”, en cuyas formas se percibe la influencia de Barragán, y cuyas percusiones fueron amplias; y El Laberinto (Jerusalén 1974), masiva edificación (centro comunitario) forrada con una cuadricula de piedra, qué sólo conozco en fotografías.
Mathias Goeritz fue un verdadero maestro, un promotor, un creador, una de las personalidades más ricas y complejas que han estado entre nosotros.

Comentarios
Publicar un comentario